lunes, 17 de agosto de 2015

MADRE MARÍA PILAR DE JESÚS

MADRE MARÍA PILAR DE JESÚS


“Sed santos porque yo soy santo”. Seguro que estas palabras resonaron siempre en el corazón de la madre Pilar, quien trató en su vida de imitar a Jesús, la imagen perfecta del Dios invisible. Ella sabía que la gracia no suprime la naturaleza, por eso siempre cooperó con la gracia divina para ser santa y, de esta manera, ser luz del mundo y sal de la tierra.

La santidad de Dios es ardor que devora y hace vivir a la vez y la irradiación de esta santidad santifica a su pueblo, así podríamos decir que el corazón de la madre María Pilar de Jesús se consumía en este ardor del amor de Dios, que la hacía vivir y de donde le brotaban todas sus fuerzas, primero para ser ejemplo entre todas sus hijas y segundo para emprender grandes obras como lo fueron sus fundaciones. Ella no brillaba con luz propia sino que, del contacto directo que tenía con Dios a través de la oración, resplandecía en ella la luz de la santidad de Dios.

Ella sabía muy bien aquello que decía el apóstol san Pablo: “vivo yo, mas no soy yo, es Cristo quien vive en mí”. Por eso siempre buscó morir a sí misma, dejando de lado sus pasiones, apetencias y criterios; ella quería desaparecer para que Cristo se luzca, porque a eso había venido al Carmelo, a reproducir en su ser la imagen de Cristo, el Señor de su vida, el Magnifico Esposo, como ella le llamaba; de esta forma la gracia de Dios no quedo infecunda en ella, sino que siempre dio mucho fruto, por ello no le importo dejar su familia, su monasterio y su tierra para dar la vida por el evangelio de su ‘Amado Esposo’.

Podríamos decir que en la madre Pilar sea ha cumplido lo que dice el salmista: “su linaje será poderoso en la tierra… su recuerdo será perpetuo”, de esta manera, vemos cómo en los monasterios que ella ha fundado florecen muchas vocaciones, que obligan a sus hijas a fundar más monasterios; estos monasterios son la fuerza oculta de la Iglesia, donde las hermanas con sus oraciones interceden por cada uno de los miembros de la Iglesia e impulsan su apostolado, de ahí que sea poderoso su linaje. Su recuerdo es perpetuo porque su espíritu vive en sus hijas, estas la recuerdan siempre en las recreaciones y trasmiten sus enseñanzas a las nuevas generaciones de carmelitas, al punto que pareciera que es la  misma madre la que les enseña.

Al ver todo el bien que Dios ha hecho por medio de la madre Pilar, consideramos que no es justo que su vida no sea conocida, o peor aún que su recuerdo llegara a extinguirse; es necesario que ya no pertenezca sólo a la clausura de sus hermanas sino que sea conocida en toda la Iglesia, este es el motivo por el que escribimos las maravillas que Dios ha hecho en su vida.

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